TEXTOS

Dime que sí

"Nosotras somos" de Las Migas. (2012)

 

 

"Dime que sí,

Compañerito,

Dime que sí."

 

Aquello que cantó entonces el sabio poeta Alberti vuelve a sonar hoy, aquí, en un grupo de voces que son un grito de luz. Una confirmación, una afirmación clara y limpia nacida de la convicción de que sólo se puede vencer a la oscuridad plantándole cara con verdadera alegría. Con fe en que podemos hacer del mundo un lugar mejor, ahora, en los peores tiempos para la sensibilidad, haciendo sonar bien fuerte lo mejor que tengamos por dentro, que es lo que sí está en nuestras manos y a lo que no podremos nunca renunciar. Ahora es cuando hay que atacar por derecho por el palo de la belleza. El compromiso de estas amigas con su búsqueda creativa me conmovió y me convenció, desde el primer momento, para aceptar su propuesta de dirigir este viaje que, por supuesto, sería hacia un lugar desconocido, como es el camino a ciegas de la creación.

 

Éste es el primer trabajo que conozco, dentro del mundo flamenco, producido por un grupo íntegro de mujeres libres, que sí son una banda autosuficiente y dirigen su carrera. A su servicio trabajamos un puñado de hombres a los que nos toca aprender a cooperar en la sombra para que puedan desarrollar una nueva forma, la suya, de encarar el Cante de hoy.

 

El papel creativo del Cante de Mujer ya tiene un largo recorrido que ahora comienza a poder consolidarse en proyectos colectivos, elaborados conscientemente y sin limitaciones, que ya también se desarrollan a nivel instrumental y de composición, como éste. Gracias a las puertas que abrieron los trabajos más creativos de Carmen Linares, Lole, Mayte Martín, Martirio o Estrella Morente (entre otras maestras en el doble proceso de convertir la canción en cante y el cante en canción) el flamenco de mujer es hoy una realidad riquísima, en todos los ámbitos. Y después de 30 años de formación continuada en las escuelas de música catalanas (gracias, entre otros, al constante trabajo del Taller de Músics y el ESMUC), asistimos ahora a una generación, inédita en nuestro flamenco, en la que se unen aspectos que parecían antagónicos: el estudio y la experiencia, la tradición oral con el conocimiento contemporáneo de la armonía, el disfrute con el rigor. Donde, por primera vez, ya el género no juega un papel de segmentación significativa en ninguna disciplina flamenca, de manera que todo se normaliza poco a poco y se evoluciona, inevitablemente, hacia el aprendizaje y la creación colectiva. La cultura de bandas de Barcelona acabó por generar una tierra fértil para esta semilla nueva de nuestro son flamenco que son Las Migas, una banda de mujeres libres con una voz común que refresca muchos códigos de nuestro lenguaje y en cuyo mundo sonoro resuena también una filosofía que compartimos y que nos hace querer trabajar juntos: renovar desde la raíz, indagar en las memorias antiguas para avanzar, darle la vuelta a la estampa y descubrir la imagen, renacer desde la tierra otra vez, “mirando a los cielos con los pies en la maceta”, como dijo el sabio Veneno. Siempre pensando en transformar las cosas todo lo que sea necesario hasta dar con una belleza que sea común a todos.

 

Así, siempre buscando y trabajando en equipo, se asomó la posibilidad de sumar ideas y avanzar introduciendo nuevos materiales sonoros: patrones rítmicos, pulsos de bajos, instrumentos y armonías que podían integrarse con sabor en nuestra nueva memoria porque ya formaron parte de ella; melodías y letras nuevas para los cantes futuros, siempre necesitados de estímulo para que la máquina creadora no se detenga y así podamos continuar sorprendiéndonos. Comenzamos a acostumbrarnos a caminar siempre hacia la fertilidad sonora. Hicimos un lindo trabajo de armonización de intenciones hasta llegar a puntos de acuerdo sencillos, pero muy resolutivos, intentando descubrir dentro de nuestra música nuevos rincones secretos del compás que facilitaran la expresión de lo que queríamos decir. A lo largo de los meses de trabajo previo de arreglos, nos fuimos situando, naturalmente, en un terreno en el que, sin salir de las claves rítmicas y estéticas de los palos flamencos, podíamos realimentar lo que teníamos en tangos, guajira, zambra, bulería, tanguillo ó fandango con los compases que vienen de las corrientes americanas, nuestras músicas más hermanas, que, una vez más, atravesaron el repertorio sin remedio. Así, situàndonos en esa necesaria apertura al nuevo mundo que también sucedía en los tiempos germinales del territorio que alumbró lo flamenco, se nos aparecieron pulsos y sentidos de habanera, milonga, tango argentino, del tango merengue de 5x8 venezolano, el tango imaginado de los negros sevillanos, el guaguancó de los sitios habaneros, el aire de las cameratas caribeñas o los acentos del punto cruzado guajiro, para ya quedarse infiltrados entre los arpegios y los remates de lo que íbamos viendo sonar. De toda esa amalgama fuimos extrayendo y puliendo, buscando la máxima expresión de los mínimos elementos. En ningún momento nos planteamos si lo que estábamos haciendo era o no era "flamenco"; pero en cada instante buscamos el "óle", ése era el detector de las mejores ideas.

 

Ya en el estudio conseguimos realizar una grabación cálida y verídica del cuarteto, juntas y en directo, a la que le añadimos alguna percusión, bajos y coros que reforzaran el mensaje clave: aquí estamos, somos nosotras y ésto suena así. Trabajamos mucho en la intención, el motivo, la célula rítmica y la dinámica más natural de cada parte, y grabamos como si de una banda eléctrica se tratase, sin renunciar a la potencia que vibra en la ternura. Durante toda la grabación recordamos estas palabras del sabio Auserón: “El miedo que lo tengan ellos: los rockeros somos nosotros”. Las lágrimas y las risas nos ayudaron a decidir qué tomas eran las mejores. Y así vivimos una aventura creativa y sincera en la que sabemos que pusimos el corazón, lo mejor de nosotros.

 

Hay una fortaleza enorme en la sencillez con la que estas Migas cabalgan sobre sus monturas, la normalidad con la que son diosas humanas y la potencia que adquieren cuando se unen, porque no se suman, se multiplican. Batallan contra la tristeza y el dolor a partir del deseo inquebrantable de querer alzar la voz y cantarle cara a cara al amor.

 

Queridas aMigas, es un honor ayudar a que vuestro grito de luz alumbre nuestro mundo.

 

 

Raúl Rodríguez. Abril 2012.

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© Annabel H. Beltrán  2018

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